jueves, 22 de septiembre de 2016

Poema de los dones

"Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido". (Jorge Luis Borges)


miércoles, 21 de septiembre de 2016

Los hombres-bonsai

Aquí os dejo el inquietante correo que recibí recientemente y que iba dirigido a vosotros. Viene del futuro y lo firma un tal Zuff, de la constelación Alfa.

  Voy a hablaros de un planeta lejano y azul llamado, como sabéis, Tierra. Desde hace miles de años está habitado por unos extraños seres empeñados en destruirse por fuera y por dentro. Pero será mejor que me presente. Me llamo Zuff y vengo de la constelación Alfa. Según el calendario terrestre, me encuentro en el año 3050. He decidido ponerme en contacto con vosotros pues considero que el asunto os incumbe, como ciudadanos que aún sois del planeta Tierra

  Hace unos dremas, así contamos nosotros el tiempo, recibí una inquietante carta, cuyo remitente se mantenía en el anonimato. Al abrirla, imaginaos cuál fue mi sorpresa comprobar que se trataba de un terrícola que quería enviar al Universo un último y desesperado grito de auxilio ante lo que él mismo interpretaba como el fin de los Hombres-hombres. La carta tenífecha de 23 de marzo de 2030, y bien por el deficiente funcionamiento del correo intergaláctico, bien por los caprichos del Tiempo y su juguetona relatividad, lo cierto es que la carta llegó un milenio después. Yo conocía algunos, más bien escasos, detalles de la historia de la civilización humana que descubrí en los primeros cursos de mi aprendizaje en la Escuela Mayor de Desarrollo Intelectual. Con todo, la asignatura "Otras Galaxias" nunca fue mi fuerte; prefería la "Teoría y práctica Estelar" que desde antes del nacimiento nos enseñaban en los Cursos de Incubadora a Distancia.

lunes, 12 de septiembre de 2016