domingo, 14 de febrero de 2016

Librería "El anticuario"


El bibliotecario Daniel Rodríguez Cibrián abrió hace tres años una librería anticuaria en la Ribera con un fondo de 80.000 obras desde el siglo XVI y una gran variedad de géneros

En tiempos de apocalípticas profecías culturales, en época de recortes y depresiones, en un mundo dominado por la tecnología, en la Ribera abre sus puertas El Laberinto. Una librería anticuaria que constituye el resultado de "una vida en torno al libro", según su propietario, Daniel Rodríguez Cibrián, responsable de la biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Córdoba. Frente al Guadalquivir, en una zona "maravillosa" de la ciudad, El Laberinto (sí, homenaje a Borges) se postula como "un lugar de encuentro en torno al libro: no sólo para comprar sino también para ver, dialogar, compartir inquietudes". "Un Laberinto para perderse. Un Laberinto para salvarse", en palabras de Sebastián de la Obra, director de la Casa de Sefarad.


El Laberinto presenta unos fondos de 80.000 libros en los que tienen cabida, según Rodríguez Cibrián, "grandes colecciones", entre ellas las dedicadas a la Guerra Civil, la poesía española o las ciencias puras en el siglo XIX, con notable variedad de géneros (desde cómics hasta misales) y un abanico cronológico que se abre en el siglo XVI con Santo Tomás de Aquino, las obras morales de Luis Vives y recopilaciones de poesía italiana. El responsable de la librería recuerda que, como dijo, Umberto Eco, "un laberinto es un lugar en el que es fácil entrar pero del que resulta difícil salir". Aquí la aventura que se propone es la del descubrimiento. Y a partir de ahí, la lectura. El Laberinto invita al lector a que se sumerja "en un mundo en que no sabe lo que le espera ni lo que va a encontrar: un tesoro, un minotauro, una princesa..., un mundo que quizá le estaba esperando" y en el que quizá la mejor habilidad que puede mostrar es la de "saber perderse". Este espacio consagra un singular homenaje a la letra escrita, al libro como ejemplo de "tecnología perfecta", y un aviso en voz baja sobre su perennidad.

Coleccionistas, inquietos, curiosos, turistas, lectores, nostálgicos, paseantes, exploradores... El Laberinto quiere satisfacer curiosidades y estimular otras nuevas. "Hay gente que me dice estos días que Córdoba merecía una librería como esta", revela su impulsor, que lamenta que la ciudad no haya tenido tradición de librerías anticuarias, tan habituales en otras urbes europeas. 
"Dentro de este Laberinto", señala De la Obra, "se podrá leer y no leer. Se podrá hojear y saltarse las páginas. Se podrá leer cualquier cosa (sin que nadie nos llame la atención). Podremos estar callados o leer en voz alta. También se podrá comprar lo que busquemos o nos encontremos. Se pueden pedir pistas a su constructor... ¿Dónde está Margueritte?, ¿cómo llegar a Poe?, ¿hay remedios para la salud?, ¿quién conoce a Zambrano, Horacio o Roberto Alcázar y Pedrín?, ¿por qué están los misales tan lejos de Melville y Teresa de Jesús?, ¿ese ruido que persiste viene de la Guerra Civil?, ¿qué hacen juntos Chéjov, Wislawa y Cernuda?... Al gesto de valentía de su constructor deberíamos corresponder con otro gesto de valor: adentrarnos en El Laberinto y salvarnos". Quien lo desee puede hacerlo en Ronda de Isasa, 4 (Fuente El Día de Córdoba)